La producción global de plásticos ha crecido de forma explosiva en las últimas décadas, y con ella también lo ha hecho la presencia de microplásticos en el ambiente. Estos fragmentos diminutos —menores de 5 milímetros— se desprenden de envases, ropa sintética, cosméticos y prácticamente cualquier objeto plástico que usamos a diario. Lo preocupante es que ya no solo están en el aire, el agua y el suelo: también están en nuestro cuerpo.
¿Cómo llegan los microplásticos al organismo?
Las dos vías principales son:
1. Inhalación
Las partículas más pequeñas pueden llegar hasta los alvéolos pulmonares y, desde ahí, pasar al torrente sanguíneo. Esto significa que simplemente respirar en entornos urbanos o interiores con polvo sintético puede exponer a las personas a microplásticos.
2. Ingestión
Se han detectado microplásticos en:
- Bebidas comerciales como refrescos, té frío, cerveza y bebidas energéticas
- Utensilios de cocina y envases
Un estudio analizó 57 bebidas comunes y encontró microplásticos en la gran mayoría, con niveles especialmente altos en algunas cervezas.
Además, muchos productos de cuidado personal —como exfoliantes, maquillaje y cremas— contienen microplásticos que pueden ingerirse accidentalmente o inhalarse al aplicarlos.
Microplásticos: pequeños, pero capaces de transportar tóxicos
Una de las características más peligrosas de los microplásticos es su capacidad para atraer y retener sustancias tóxicas. Su superficie irregular y porosa actúa como un imán para:
- Metales pesados
- Microorganismos
- Hidrocarburos aromáticos policíclicos
- PFAS y otros compuestos persistentes
Esto significa que no solo estamos expuestos al plástico en sí, sino también a los contaminantes que se adhieren a él.
¿Qué efectos tienen en el cuerpo?
Los estudios en células humanas, organoides y animales muestran patrones consistentes:
- Aumento del estrés oxidativo
- Inflamación
- Daño celular
- Alteraciones en el metabolismo
- Afectación del ADN
Por ejemplo, en organoides hepáticos se observó toxicidad incluso con dosis muy bajas de microplásticos, acompañada de un aumento de marcadores inflamatorios.
Microplásticos en órganos humanos: una realidad confirmada
La evidencia ya no es teórica. Se han encontrado microplásticos en:
- Cerebro
- Pulmones
- Hígado
- Riñones
- Corazón
- Sangre
- Placenta
- Leche materna
- Heces de recién nacidos
Además, los niveles están aumentando con el tiempo. En placentas analizadas en distintos años, la presencia pasó de un 60% a un 100%, y la cantidad de partículas por tejido se multiplicó.
¿Qué riesgos para la salud se están observando?
Aunque aún no se puede afirmar que los microplásticos causen enfermedades de forma directa, sí existen asociaciones preocupantes:
- En personas con enfermedad carotídea, quienes tenían microplásticos en la placa arterial presentaron un riesgo significativamente mayor de infarto, ictus o muerte.
- En estudios post mortem, los cerebros de personas con demencia mostraron niveles mucho más altos que los de personas sin esta condición.
Estos hallazgos apuntan a que la inflamación crónica y el estrés oxidativo inducidos por los microplásticos podrían contribuir a enfermedades cardiovasculares y neurodegenerativas.
¿Qué se está haciendo a nivel global?
Existen iniciativas internacionales para reducir la contaminación plástica, como:
- Restricciones al transporte de residuos plásticos entre países
- Prohibiciones de verter plásticos desde barcos
- Negociaciones para un Tratado Global de Plásticos que aborde todo el ciclo de vida del material
Aun así, los esfuerzos actuales son insuficientes frente al ritmo de producción y desecho de plásticos.
¿Qué podemos hacer a nivel individual?Aunque el problema es global, hay medidas prácticas que pueden reducir tanto la exposición personal como la cantidad de microplásticos que liberamos al ambiente. Algunas acciones útiles incluyen optar por botellas reutilizables de acero o vidrio, evitar calentar alimentos en recipientes de plástico, elegir ropa de fibras naturales cuando sea posible, usar filtros para lavadoras que capturen microfibras y preferir productos de cuidado personal libres de microplásticos. También ayuda reducir el consumo de plásticos de un solo uso y apoyar iniciativas locales de reciclaje y economía circular. Ninguna medida aislada resolverá el problema, pero cada gesto suma y contribuye a disminuir la carga total de microplásticos en el entorno.
Conclusión
Los microplásticos ya forman parte de nuestro entorno y de nuestro cuerpo. La ciencia está empezando a comprender sus efectos, y aunque aún queda mucho por investigar, la evidencia apunta a riesgos reales para la salud humana. Reducir la exposición y avanzar hacia alternativas más seguras es una tarea urgente que requiere acción colectiva, innovación y políticas más ambiciosas.
Referencia
Microplastics and HumanHealth